Excavación de gran volumen en roca con perforaciones de hasta nueve metros

28 de Septiembre de 2026

Los desmontes en roca exigen mucho más que potencia. Cuando el terreno debe alcanzar unas cotas concretas para permitir el avance de una obra, cada perforación tiene que responder a una planificación precisa. La profundidad, el diámetro de los barrenos y la dirección prevista de las fracturas influyen directamente en el resultado.


En esta intervención fue necesario actuar sobre un macizo rocoso de grandes dimensiones. El objetivo consistía en reducir progresivamente su volumen, facilitar la retirada del material y adaptar el terreno a las necesidades del proyecto mediante un sistema de rotura controlada.


La profundidad de la excavación y la forma irregular de la roca obligaron a estudiar cada zona por separado. Frente a una distribución idéntica para toda la superficie, se optó por ajustar el trabajo a las condiciones reales encontradas durante el desmonte.


Barrenos de gran profundidad para actuar sobre todo el macizo


Los trabajos se realizaron mediante perforaciones con diámetros comprendidos entre 50 y 65 milímetros. Algunos barrenos alcanzaron hasta nueve metros de profundidad, lo que permitió transmitir la acción expansiva a las zonas inferiores del macizo rocoso.


Esta profundidad resultaba necesaria para obtener una fragmentación suficiente y evitar que la rotura se concentrase únicamente en la parte superficial. La finalidad era generar planos de fractura que atravesaran una parte significativa de la roca y facilitasen su posterior separación.


La precisión durante esta fase fue especialmente importante. En perforaciones tan profundas, una desviación en la trayectoria del barreno puede modificar la distancia respecto a las perforaciones contiguas y afectar a la distribución de los esfuerzos.


Un diseño adaptado a una roca irregular


La superficie del macizo no presentaba una geometría uniforme. Había diferencias de altura, zonas con distintas orientaciones y caras libres que podían aprovecharse para dirigir la apertura de las grietas.


Por este motivo, el patrón de perforación se adaptó a las particularidades de cada área. Los barrenos se orientaron buscando que la presión encontrara una salida y que la roca se separase hacia los puntos previstos, mejorando el control sobre la fragmentación.


Este planteamiento permitió intervenir por fases y observar la respuesta del terreno antes de continuar. A medida que aparecían las primeras fisuras, podía comprobarse si la roca estaba siguiendo la dirección esperada y ajustar los trabajos posteriores cuando fuese necesario.


Rotura progresiva para facilitar la excavación


Tras cargar las perforaciones, la presión comenzó a actuar desde el interior. Las primeras grietas fueron extendiéndose gradualmente hasta formar planos de fractura capaces de separar bloques de dimensiones manejables.


Este proceso redujo la resistencia del macizo y simplificó el trabajo de la maquinaria durante las tareas posteriores. En lugar de enfrentarse a una masa de roca compacta, los equipos pudieron retirar fragmentos previamente debilitados y separados.


La rotura controlada también permitió mantener un ritmo constante de excavación. La intervención se organizó por zonas, combinando las fases de perforación, fragmentación y retirada del material para avanzar hasta las cotas establecidas.


Mayor control en un desmonte de grandes dimensiones


El resultado obtenido permitió continuar con el movimiento de tierras y acondicionar progresivamente el terreno. La fragmentación conseguida facilitó tanto la excavación como la carga y evacuación de los bloques desprendidos.


Este tipo de trabajos demuestra que, en un desmonte de gran volumen, el diseño técnico tiene tanta importancia como la capacidad de rotura. La naturaleza de la roca, sus discontinuidades, la profundidad de los barrenos y la existencia de caras libres deben analizarse antes de definir la intervención.


La combinación de perforaciones de entre 50 y 65 milímetros y profundidades de hasta nueve metros permitió abordar una excavación exigente con precisión. Porque cuando se trabaja sobre un macizo de estas características, no basta con fracturar la roca: hay que conseguir que cada rotura contribuya al avance ordenado de la obra.

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