Cómo ampliar un sótano mediante la rotura controlada de roca
Ganar metros útiles en un sótano puede convertirse en un reto cuando la excavación se encuentra con una masa de roca compacta. En espacios interiores, además, no siempre es posible utilizar maquinaria pesada o técnicas que generen vibraciones, proyecciones y un impacto difícil de controlar.
En esta intervención se recurrió a un sistema de rotura controlada con cemento expansivo. El objetivo era fracturar progresivamente la roca existente para poder retirarla en fragmentos manejables y continuar ampliando la superficie del sótano sin recurrir a explosivos. Los datos técnicos empleados fueron perforaciones de 40 milímetros, 40 centímetros de profundidad y una malla de 20 × 20 centímetros.
Una planificación condicionada por el espacio disponible
Trabajar dentro de un sótano requiere adaptar cada fase de la intervención. El acceso, la altura, la proximidad de los elementos constructivos y la dificultad para mover los escombros obligan a controlar con precisión el comportamiento de la roca.
Antes de iniciar la rotura se diseñó la distribución de los barrenos. La separación entre ellos debía permitir que la presión ejercida en el interior de la roca se repartiera de manera uniforme, generando líneas de fractura conectadas.
No se trataba simplemente de realizar perforaciones y aplicar el material expansivo. El diámetro, la profundidad y la distancia entre cada barreno debían responder a las características de la roca y al volumen que se quería retirar.
Perforaciones diseñadas para dirigir la fractura
La intervención se ejecutó mediante barrenos de 40 milímetros de diámetro y 40 centímetros de profundidad. Estos se distribuyeron formando una cuadrícula de 20 × 20 centímetros sobre la superficie seleccionada.
Una vez realizadas las perforaciones, se introdujo el agente expansivo. Al hidratarse, el producto comenzó a aumentar de volumen dentro de los barrenos, ejerciendo presión desde el interior y provocando la apertura gradual de la roca.
Esta técnica permite dirigir mejor la rotura y reducir el riesgo de afectar a las zonas que deben conservarse. En una ampliación interior, donde se trabaja cerca de paredes, pilares, forjados u otras estructuras, este nivel de control resulta especialmente importante.
Una fracturación progresiva durante 48 horas
La carga de los barrenos se efectuó un viernes por la tarde. Durante las horas posteriores comenzaron a aparecer las primeras fisuras, inicialmente pequeñas, pero cada vez más visibles a medida que avanzaba la reacción expansiva.
El patrón de las grietas confirmó que la distribución elegida estaba transmitiendo correctamente la presión. Las fracturas se extendieron entre las distintas perforaciones, debilitando la masa rocosa de forma gradual.
Transcurridas 48 horas, la roca presentaba una división clara y suficiente para iniciar su retirada. Este proceso progresivo permitió preparar el material para el desescombro sin golpes de gran intensidad, explosiones ni vibraciones relevantes.
Fragmentos manejables y más superficie disponible
Tras completar la fracturación se procedió a retirar la roca desprendida. El material había quedado dividido en piezas de menor tamaño, lo que facilitó su manipulación y extracción desde un espacio con accesibilidad limitada.
El resultado permitió seguir avanzando en la ampliación del sótano y plantear nuevas fases de excavación. De este modo, la superficie útil puede ganarse por tramos, manteniendo el control sobre cada zona antes de intervenir en la siguiente.
Este caso demuestra que la presencia de roca no tiene por qué impedir la ampliación de un espacio interior. Con un estudio adecuado, una malla de perforación bien calculada y un sistema de rotura no explosiva, es posible transformar una zona inicialmente inaccesible en nuevos metros aprovechables.

